Empleados públicos
Me sigue pasmando la total unanimidad que muestran los partidos políticos acerca del papel de la administración en el mantenimiento económico de la Orquesta Sinfónica de Navarra, contra la que, recalco, no tengo nada. Pero es que, no teniendo nada contra una orquesta, lo que me llama la atención de todo esto es que si observamos las cifras de subvenciones recibidas los últimos años y comprobamos sus presupuestos y partidas destinadas a los músicos no es complejo extraer que esos músicos cobran del erario público la totalidad de su salario. ¿Quiero yo que ni un solo músico pierda su trabajo? No, como tampoco quiero que lo pierdan las personas de administración. Pero es que, según dijo la propia consejera hace poco, la plantilla es de nada menos que 78 personas. Esto es: hay 78 empleados que de facto todos estos años han sido empleados públicos y que posiblemente lo sigan siendo en el futuro, con un coste anual que para 2016 va a ser de 3,6 millones de euros para las arcas del Gobierno de Navarra, que son nuestras arcas, que yo sepa. Y este hecho es un hecho que solo se ciñe a este concreto y determinado tipo de música, por mucho que nadie pueda negar la labor que es capaz de hacer y que aún puede ser mucho mejor. Pero es que no termino de comprender por qué está protección, promoción y mantenimiento no se aplica con otros artistas de numerosas especialidades, que ven como solo una de ellas se lleva la inmensísima mayoría del pequeño pastel, sin que nadie se plantee que esta política solo es sostenible y defendible si la iniciativa privada soporta la mayor parte del gasto de esta orquesta o la dinámica se amplía a otras parcelas del arte y pagamos sueldos anuales a escritores, escultores, fotógrafos, pintores, músicos modernos, etc, por concurso o como sea. ¿Por qué unos sí y otros no, qué clase de ley superior estúpida defiende esta clase de desigualdad?