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El hambre y las ganas de comer

Te despiertas una mañana aún entre las brumas del sueño, enciendes la radio para tratar de adivinar si estás vivo o en realidad es otro episodio irreal fabricado por tu cerebro y oyes que en un rato va a testificar en Pamplona como investigado ante un juez un presunto artista que ha sido denunciado por no sé qué colectivo cristiano por ofender a los sentimientos religiosos con una obra en la que formaba una palabra con hostias consagradas y apagas la radio. Si ya es dantesco e incómodo tener que vivir en un sitio en el que algunos consideran arte -y subversión y crítica inteligente y todo lo que se supone que desprende el verdadero arte comprometido- escribir pederastia con hostias consagradas ya es doblemente incómodo que se admitan a trámite querellas judiciales contra el individuo que ha perpetrado la charlotada, habiendo como hay miles de casos judiciales importantes y retrasos severísimos en los juzgados. Apagas la radio, porque es desagradable vivir en lugares y tiempos así, en el que unos logran sus únicos objetivos -dar la nota, que se hable de ellos, ni siquiera que se hable una sola palabra de lo que supuestamente dice pretender combatir con su obra, lo que demuestra su inutilidad como artista comprometido, ya que el artista comprometido que tiene éxito es aquel que pasa mucho más desapercibido que lo que dice, enseña o hace, siempre en primer plano o al menos en paralelo. Porque el hecho de ser o decir ser comprometido no te convierte en artista, ni otorga ni un solo grado de mérito a un supuesto arte- y otros se ofenden hasta el punto de perseguir la libertad ajena de ser unos perfectos ineptos faltones carentes de toda clase de talento, mientras los demás pagamos las facturas de unos y otros y asistimos estupefactos a este espectáculo vacío, mentiroso, hipócrita y caro que algunos se montan a nuestra costa. Es mejor dormir y soñar.