EH Bildu defiende la segregación de modelos lingüísticos en la escuela pública como una “cuestión pedagógica”. Y sin duda como una aportación a la construcción nacional. El argumento coincide con los partidarios de la segregación por sexos (mejores resultados académicos), una situación felizmente superada en la escuela pública, en la concertada (privada subvencionada) y persistente en algunos centros privados confesionales. Bildu considera que instalaciones diferentes para los modelos de castellano y euskera favorecen la “inmersión lingüística”, único planteamiento que, en el caso de Navarra, “garantiza un perfecto conocimiento de la lengua”. Nuestra realidad sociolingüística coloca al euskera en una situación minoritaria que limita su uso como vehículo de comunicación. La inmersión más eficaz a esas edades sería la conciencia y el compromiso de usar también el euskera en los patios escolares y en las relaciones de cuadrilla. Geroa Bai y Podemos tienen dudas al respecto, admiten que puede haber casos singulares y se remiten a la consulta con la comunidad educativa correspondiente. Izquierda-Ezkerra, PSN, UPN y PPN son tajantes en su oposición a la separación de modelos. UPN, ahora, porque en otras legislaturas fue promotor y autor de segregaciones. Aunque, ¿por qué negar a la escuela pública lo que se permite a la privada concertada en euskera, que también cuenta con aportación de los presupuestos de la Comunidad? Olvidemos los tejemanejes políticos interesados. La diversidad de modelos escolares ha sido un recurso fallido y tiende a reproducir una sociedad clasista. La enseñanza obligatoria tendría que responder a un modelo único de escuela pública donde los idiomas fueran las lenguas propias (español y vascuence en el caso de Navarra) y las oficiales europeas. Con libre elección de lengua vehicular y docentes de alta cualificación, en un mismo complejo educativo. Inmersión en convivencia plural. Nunca segregación.
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