“Hasta los cojones”: el presidente del PP de Vizcaya utilizó ante Rajoy la más expresiva metáfora viril para expresar su hartazgo por la corrupción en el partido. El presidente nacional evitó referencias anatómicas y se refugió en la característica indecisión gallega: “No te voy a explicar hasta dónde estoy yo”. El vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, elevó el listón corporal: “hasta las narices”. Candy Villalobos señaló el mismo apéndice. Aquí en Navarra, la desatada portavoz parlamentaria del PPN, Ana Beltrán, dijo sentir “gran vergüenza” al percibir “muchos indicios de que ha habido corrupción”. Años atrás la negó al suscribir las tesis de Cospedal. El presidente del PP -solicitante a sus correligionarios de lo mismo que aconsejó al tesorero, “sé fuerte”- admitió en su día que todo lo publicado sobre los papeles de Bárcenas “es falso, salvo alguna cosa”. Este apartado incluye los sobres traídos en mano por Jaime Ignacio Del Burgo a Pamplona. Uno de los destinatarios era su compañero Calixto Ayesa, compensado económicamente de esa manera clandestina por el cierre de su consulta particular como dermatólogo para el desempeño de una consejería en el Gobierno foral. No consta que el receptor declarase esos ingresos en Hacienda. ¿Tomó medidas el partido? ¿Siguen ambos entre la militancia del PPN? Más: uno de sus diputados a Cortes, ahora senador, Pérez Lapazarán, faltó a una votación en el principal trámite parlamentario, los Presupuestos Generales del Estado, para asistir al consejo de administración de una empresa que le reporta buenos ingresos. Fue multado, pero la clara expresión de su interés prioritario no le invalidó para repetir en las planchas electorales. El europarlamentario Pablo Zalba cayó en la trampa de un falso lobby, como se demostró en un vídeo. Fue seducido, aunque no consumó. A pesar de la torpe receptividad demostrada, volvió al Parlamento Europeo y, además, preside la Gestora del PPN. Vergüenzas.