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Imperdonable

Las personas normales, las que no somos expertas en legislación nacional, europea o mundial, las que nos cuesta distinguir a unos organismos de otros e incluso ubicar fronteras y países, lo único que vemos es, por ejemplo, a 14.000 personas en un campamento cochambroso arrasado por la lluvia y el barro en la frontera entre Grecia y Macedonia, miles de precarias tiendas de campaña en las que se refugian personas que han escapado de una guerra, niños y ancianos a la intemperie tiritando. Vemos a un padre sirio, que posiblemente ha cruzado el mar desde Turquía hasta Grecia, empujando cerca de ese campamento la silla de ruedas de su hijo tetrapléjico, como lo que son, dos putos héroes, como las personas que en cualquier fase de su durísimo camino dejan todo para ayudar a esta gente. Eso vemos las personas normales, que hace unos meses veíamos lo mismo o parecido y sentimos cierta esperanza en la humanidad de nuestra próspera Europa cuando los principales países hablaban de acoger a estas personas hasta que se solucionara el conflicto y que ahora solo vemos que nada de eso ha sucedido. España ha acogido a 18 personas de las 17.000 que supuestamente iba a recibir. Es una vergüenza de tal calibre que dentro de décadas se debería seguir sintiendo vergüenza. Europa, con 725 millones de habitantes y una riqueza y un territorio inmensos, ha sido incapaz de organizarse para ofrecer un cobijo seguro temporal a 1 o 2 millones de personas que huían del horror. Eso es lo que vemos las personas normales, atónitas ante la inacción, incapacidad o falta de humanidad de los principales responsables europeos, una recua de hijos de la gran puta que, eso sí, no tengo duda nos merecemos la gran mayoría, los que seguimos todo esto desde la distancia lamentándonos pero sin mover un dedo hasta acabar pareciéndonos a ellos, a los de hijos de la gran puta, claro. Damos asco.