El cambio político en las instituciones navarras se expresa con tibieza en relación con la religión católica. Geroa Bai y UPN compartieron reclinatorio al coincidir en la votación y conseguir que se mantenga la recepción oficial a la imagen de San Miguel de Aralar en el Parlamento de Navarra. A San Miguel se le atribuye la evangelización de la tierra de los vascones. El martes siguiente a la octava de Pascua participa en la fiesta de la Dedicación de la Catedral de Pamplona y aprovecha su estancia para visitar parroquias, conventos, hospitales, centros educativos e instituciones públicas, en una de sus salidas más antiguas. El día de Pascua de Resurrección abandona su Santuario por espacio de tres meses y recorre unas 280 poblaciones navarras. Podemos y EH-Bildu se opusieron a esta tradicional visita (Asiron lo recibirá con honores en el Ayuntamiento), pero se impuso la confluencia entre el catolicismo peneuvista de GeBai y el regionalismo confesional de UPN. Comulgaron con el mismo propósito de veneración de la imagen. Una representación del Gobierno de GeBai “acompañó” a la comunidad católica en la Misa del Día de Navarra en el Castillo de Javier, y el alcalde pamplonés de Bildu acompañó por las calles a la imagen de San Fermín y al Cabildo Catedralicio en la procesión del día grande de las fiestas, un acto tan religioso como la celebración eucarística a la que se abstuvo de entrar. El respeto a las tradiciones trastorna la coherencia ideológica. La presidenta Barkos dejó claro que el Gobierno no organizará celebraciones que “competen a la Iglesia católica” y que “estará” en actos religiosos importantes. Lo público no se atreve a desprenderse de vínculos que corresponden al terreno de las convicciones privadas. La tibieza obliga a equilibrios contemporizadores. Falta firmeza y resolución. El costumbrismo popular y el folclore, bálsamo conciliador. El protocolo reverencial a una imagen religiosa no es cambio. Es continuidad.
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