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Humo barato

Ayer estuvo pastando -sacando pasta- por Pamplona uno de estos terroristas emocionales que además escriben libros, algunos -por pura ley del embudo- triunfan y, como triunfan, les invitan -en este caso estuvo en Civican- para que sigan triunfando y contándonos lo alegres y felices que son y que los demás podemos, porque esa es la base de todo para la inmensa mayoría de los autores que recetan autoayuda: tú puedes, chavalote. Ayer era el turno de un tal Santandreu, que en la entrevista de una página que gratis et amore le regaló este periódico decía entre otras cosas que “sería muy feliz en la cárcel o si estuviese en el albergue para pobres” o “no tengo miedo a la muerte, a hacerme daño, a nada”. En otro periódico indicaba que sería capaz de ser feliz en un vertedero y todo esto encaminado a que por muy difícil que sea una situación se puede ser feliz y pachin pachan. Muy bien. Yo a gente así directamente la colgaba de los cojones en mitad del Civican toda la hora que durase la charla y le dejaba dar la charla con los cojones en carne viva y unas llamas de ácido sulfúrico acercándose por debajo. Se puede ser feliz estando desfigurado. Se puede ser feliz de miles de maneras. Lo irritante es cuando de tanto querer mandar un mensaje de que con esfuerzo se pueden cambiar algunas cosas se manda el mensaje de que se puede cambiar todo de arriba abajo y que el único límite es uno mismo, cuando eso es una falacia que genera mucho dolor a quien se la trague. Yo por ejemplo en los últimos 20 meses he perdido a madre, abuela y otras dos pérdidas muy dolorosas y reclamo mi derecho a estar a ratos mucho más allá de la tristeza o cuando esta viene sin avisar, sin que me venga ningún chamán a venderme humo barato. Si no estás triste de verdad cuando toca y el tiempo que toca, cada cual el suyo, no sabes qué es estar alegre, mamón.