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Gastos y gastos

Vamos a tener que votar otra vez -no pasa nada, joder, peor estuvimos del 36 al 75, sin votar nada- y ahora lo chic es pedir que los partidos no gasten mucho dinero en la campaña, que está muy bien, pero que no deja de ser el chocolate del loro, que se dice, ya que el asunto entero como tal cuesta 136 millones. Cierto es que perfectamente se podría reducir todo a la mínima expresión y hacer unas elecciones en pequeño formato en todos los aspectos, votar el domingo que viene y ahorrar, pero como siempre suele pasar en este país nos quedamos con las cifras llamativas -pero en el fondo pequeñas- mientras que las grandes, las que nos lastran de verdad, las que nos llevan a la puta ruina, ahí siguen, escondidas. Pongamos por caso que oficialmente el presupuesto del Ministerio de Defensa para 2016 no alcanza los 6.000 millones de euros, pero que sumando todos los aspectos ocultos en otros ministerios y a través de muchas partidas se eleva hasta más de 17.000 millones, un gasto demencial, aunque no tanto como los 21.000 millones que aún se deben a la industria armamentística -4 empresas se reparten el 97% del dinero que España debe en armas-. Se deben aún por ejemplo 5.800 millones de los aviones Eurofighter, que solo servían para ataques aire-aire y estaban preparados para un ataque aéreo a la Unión Soviética. Se están diseñando fragatas -la F 110- que nos costarán 800 millones cada una y la idea es contar con 4, o sea que otros 3.200 que pueden caer. Es evidente que los ciudadanos podemos estar enfadados ante la incapacidad de los políticos de llegar a acuerdos, aunque los números que les dejamos no eran fáciles. Pero tendríamos que estar más enfadados con nosotros mismos por no hacer ni caso a las enormes cositas que son menos folkloricas pero que nos cuelan sin ninguna oposición ni reacción, con una facilidad rutinaria y que cuestan lo que 200 elecciones.