Tiempo revuelto
Día tras día comprendes más a quien por decisión propia apenas mira televisión o prensa o internet y se dedica todo lo que puede y le es posible a lo básico de toda la vida: libros, paseos, deporte, música, películas, personas y silencio. Si consigues que esa sea más o menos tu dieta vital y no te dejas devorar por las corrientes de chorro de la actualidad, la novedad y el run-run perfectamente puedes llevar una vida como en los 70, 80 o 90, emocionante y completa en sí misma, y en los que no te llamaban bobo si no estabas buscando cada segundo la felicidad, en los que si no ibas al otro lado del planeta no eras casi un desecho social, en los que si eras gay no hacía falta tener músculos hasta en las cejas para ligar y si eras hetero podías llevar el mismo pelo toda una década y a pesar de ello tener varias novias, si eras tía no hacía falta o no era condición sine qua non tener unas tetas como carretas para trabajar de camarera o tener que ser atractiva para casi cualquier cosa y si eras un crío de 16 años tus colegas no iban al gimnasio a hacer abdominales como imbéciles. Es que se ha ido muy para atrás, aunque yo mismo no quiera creerlo o hace 20 años me pareciera que iba a ser imposible ir hacia atrás, como por ejemplo en esto de la imagen de la mujer y su uso, en lo que se ha ido hasta ya no sé ni dónde, porque es dantesco, aunque se ve desde hace muchos años en los propios medios de comunicación televisivos, que solo contratan mujeres que llamen físicamente la atención. Esto es así, luego no cabe sorprenderse -aunque sí molestarse- porque un bar de Sansenxo pida camareras “con buen pecho” cuando es lo que ves de noche en el 99% de los bares y cuando es lo que ves de día en el 99% de las cadenas y es lo que ves intentar clonar en la calle. Y luego es como si todo el mundo quisiese ser tan especial que nos hemos vuelto todos iguales. ¿De gilipollas?