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El tono

Obviamente muchas cosas son química, incluidas las reacciones que nos provocan algunas personas cuando las escuchamos. Algunas nos caen bien instantáneamente, otras nos ponen en guardia y las menos hacen que recelemos o que no congeniemos ni con lo que dicen ni con cómo lo dicen. No suelo congeniar casi nunca con Uxue Barkos cuando habla con tono mezcla de enfado, irritación y hasta cierto punto soberbia. Me ocurre que la idea general que está expresando me resultaría mucho más aceptable si le baja tres o cuatro grados la crispación y un punto la arrogancia, que es algo, como la soberbia, muy subjetivo y que algunos vemos y que otros no ven. Ha sucedido con el caso de que el departamento de Educación haya adjudicado a su hermano una reforma de un instituto y como la cantidad asignada era baja se ha hecho como se ha hecho miles de veces anteriormente y se hará miles de veces en el futuro: sin concurso público y sí pidiendo ofertas a varias personas o empresas según unos baremos establecidos. Una manera de funcionar completamente normal en la administración hasta cierto nivel económico para no eternizar pequeñas cosas y a la que tiene todo el derecho del mundo de presentarse o acudir quien sea, sea hermano o familiar de quien sea. Pues, a mi juicio, la respuesta de Barkos a la información periodística diciendo que no se había concedido esa obra a su hermano sino a un profesional de larga trayectoria es un error, aunque tenga razón en lo que dice, porque lo que no puede obviar es que a partir de que ella es elegida presidenta de Navarra su hermano o quien sea tiene los mismos derechos, faltaría, pero también los ciudadanos los tenemos a pensar como queramos de ciertos hechos o realidades. Es el cómo lo dice y el cómo lo encara. A mí personalmente me provoca rechazo, cuando en el fondo la explicación es convincente y el asunto no tiene más recorrido.