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El ruido y las nueces

Hace unos meses se montó un follón sensacional de los que nos gusta que se monten por aquí de vez en cuando, esos en los que parecería que de un lado de la línea está la mitad de la población o más o menos y del otro lado la otra mitad, sacándonos los ojos y en plena batalla campal. Fue al hilo de que el SNS decidiera acabar con un convenio a todas luces injusto que permitía a la CUN atender a sus 7.000 trabajadores y pasar una minuta al SNS. Atención privada, dinero público. Eso se eliminó y durante unas semanas los afectados y perjudicados -lógicamente se quejaban, cualquiera lo haría en su caso- y una corriente enorme de opinión con todos sus clarines y timbales clamaba contra el Gobierno acusándole de sectario y de no sé qué más y de querer cargarse a la CUN y a la Universidad de Navarra. Hace un par de días se ha hecho público que Gobierno de Navarra y CUN van a renovar otro convenio que tienen por el cual la CUN se hace cargo de diversos actos médicos a los que no llega el SNS por falta de medios -materiales, fundamentalmente-, una situación que vale tanto para determinados actos médicos -trasplantes, por ejemplo- como especialidades y momentos concretos de saturación de la red pública. Un acuerdo marco que con sus variaciones y especificidades también tienen San Juan de Dios o San Miguel, entre otros, y que supone varios millones de euros cada año, dependiendo de demandas y situaciones puntuales. Imagino que el coro de plañideras que anunciaban que el Gobierno quiere expulsar al Opus o yo qué sé callará esta vez, pero no deberíamos hacerlo los que, entendiendo que la colaboración sanidad pública-privada es necesaria puntualmente, creemos que lo ideal es seguir invirtiendo inteligentemente más en lo público para poder ofrecer más y mejores servicios sin tener que depender de nadie, sea quien sea, o cuando menos reduciendo esa dependencia lo más posible.