Síguenos en redes sociales:

Días de descanso

Veinticuatro horas después de su abandono aparecieron en la web de su equipo las primeras declaraciones de Mikel Landa, la gran esperanza del ciclismo español para este Giro de Italia. El año pasado, a los 25 de edad, Landa saltó de golpe a la fama mundial con sus dos etapas ganadas y un tercer puesto final en un Giro que pareció que pudo haber ganado. Este año, fichado por el equipo británico famoso por convertir en enormes corredores a corredores normales -Wiggins, Froome, Porte, Thomas, etc-, ya había mejorado contra el crono como pocos en la historia -el año pasado perdió 4 minutos con Contador, en la crono del domingo perdió apenas 20 segundos con Dumoulin- y apuntaba junto a Nibali como el gran favorito. Todo a mucha velocidad -apenas un año- para un corredor ya de 26, no un crío de 21. Es cierto que grandes progresiones se ven muchas, pero no menos cierto que la mayoría escaman y que de bastantes de ellas se ha sabido la verdad a posteriori. Landa no había pasado jamás un gran puerto entre los 15 primeros y el año pasado casi gana el Giro. Y este año, justo tras el día de descanso, a la mañana siguiente, en una mañana que según la comentarista de Eurosport parecía normal -“esta mañana en la entrevista estaba sonriente y confiado”, comentaba Laura Mesegeur-, va y abandona, según el parte médico de su equipo por una gastroenteritis, un virus. Cualquiera que siga este deporte sabe la de cosas raras que pasan tras los días de descanso y cualquiera que haya leído biografías de ciclistas que reconocieron doparse sabe qué hacían los días de descanso. Nadie dice que Landa se dopase o se hiciese una autotransfusión de sangre el lunes que le sentó mal y le hiciera abandonar, pero actitudes como la de no hablar los días que pasan las cosas y fiarlo todo a declaraciones muy posteriores y manejadas por los propios equipos no ayuda nada a creer en las versiones oficiales.