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Pasa la vida

La parte que no entiendo y que va ser difícil que nadie me logre explicar -o, mejor, convencerme, ya que comprender las explicaciones creo que sí que llegaría a conseguir- es el motivo por el cual a unas personas que duermen y viven en la calle de manera ilegal y en unas condiciones cuando menos cercanas a lo inhumano se les permite y no se les obliga, existiendo medios como existen, a hacerlo en un piso o en varios. Por mucho que oyera lo que dijo en su día Edurne Egino -“pedimos paciencia a los ciudadanos y a los medios de comunicación”- no comprendo en absoluto que prime la negativa de estas personas a abandonar el asentamiento ilegal frente a la lógica, justa y entendible demanda vecinal y frente a montones de legislaciones que sí nos son de aplicación a quienes no hacemos de nuestra capa un sayo y nos instalamos donde nos viene en gana o hacemos lo que nos da la gana, ya sea por desconocimiento, miedo, falta de integración o mil problemas que tengan estas buenas gentes, contra las que no tengo nada más allá que el asombro de que les sigan permitiendo estar ahí muchos meses después de que esto se hiciera público. Vamos, es que aunque fuesen vestidos de frac y dejasen todo más limpio que la patena. Estoy completamente a favor de que adecenten la zona y de que dispongan baños públicos dignos como han hecho, no tiene nada que ver una cosa con otra, y en que se invierta el dinero que sea necesario en ayudarles a mejorar su presente y su posible inserción en esta sociedad. Lo que me resulta indescifrable es que nadie tenga la autoridad suficiente o no haya una legislación contundente y clara para que este asentamiento se desmantele inmediatamente, tal y como reclaman los vecinos, que en una carta publicada hace unas semanas repartían justa estopa no solo al ayuntamiento actual sino también al anterior y al Tenis. Cosas así no se deberían permitir y punto.