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Blowin’ in the wind

Ayer cumplió 75 años Bob Dylan. Dylan nació en Duluth (Estados Unidos), para, a los seis años, mudarse junto a sus padres y su hermano David a Hibbing, una pequeña ciudad de 16.000 habitantes también en Minnesota. Ayer, en Hibbing, como en muchos lugares del planeta, se celebraron los 75 años de Dylan con conciertos, reuniones o pequeños actos simbólicos. Enrique era asturiano, pero vivió muchos años en Barañáin, hasta donde le había llevado una vida que si no es fácil para casi nadie o nadie menos lo fue para él, básicamente una buena persona que, como dijo Miguelito Yofre -el argentino-, al enterarse de su muerte, “tenía el corazón de un niño”. De un niño bueno. Enrique era un buenazo, aunque lo suyo no era precisamente la fuerza de voluntad, lo que desesperaba mucho a Pachi, que más que un amigo hacía con él casi la labor de padre aunque fuesen de similar edad, mientras veíamos conciertos de Dylan en cintas de VHS en aquella casa de Enrique que era como un santuario dylanita y Enrique se hacía la cena para marcharse de noche a la fábrica y dejaba algo preparado para sus tres hijos, que vivían con él. Enrique era muy peculiar y Pachi siguió ayudándolo en todo lo que pudo hasta donde 100 de cada 100 personas habrían abandonado. Por supuesto, Pachi no fue el único y muchos ayudaron a Enrique, que se hacía querer a la misma velocidad que se iba abandonando y su salud y su obesidad empeoraban. Ayer Dylan cumplió 75 años y en Hibbing, donde Dylan tuvo sus primeras novias y aprendió a tocar el piano y la guitarra, volaron por el aire parte de las cenizas de Enrique, asturiano de Barañáin, un buen hombre, enviadas por su amigo Pachi, de Zizur Mayor. El nuevo disco de Dylan se titula Ángeles Caídos. Pachi dice que Enrique era eso, un ángel caído. Solo sé que se emocionaría si se enterara de lo que hizo por él su amigo, su increíble amigo. Buen viaje, Enrique.