A lo que se ve los alemanes son una raza con escasa capacidad para la memoria y lejos de haberse planteado por ahora ir paulatinamente desmantelando su fábrica automovilística incluso le van a dar un empujón con el encargo de un segundo modelo, lo que puede suponer unos 500 empleos nuevos más y asegurar el futuro de la planta de Landaben hasta aproximadamente el año 2030, algo realmente fantástico en tiempos de extrema incertidumbre. Digo escasa capacidad para la memoria porque como bien recordarán ustedes -que leen a Borges y son como Funes el memorioso- aquí vivimos en la Alemania previa a Hitler, una situación de la que nos alertó hará poco más de un año Yolanda Barcina y de la que los alemanes no se han debido de enterar. O se han enterado y no han hecho mucho caso o simplemente no les desagradaba mandar más dinero y más trabajo a un sitio así, el mismo sitio del que iban a ir desapareciendo las empresas de 12 en 12 según Ana Beltrán y el completo escuadrón del Apocalipsis, del que también formaba parte ese José Antonio Sarriá de la CEN que ahora aplaude con las orejas la noticia acerca de Volkswagen. Es muy obvio que una acción de gobierno nunca es responsable directa de decisiones empresariales, ni para bien ni para mal, sino solo una ayuda o un estorbo más, dependiendo. Lo que sí parece quedar demostrado es que los tambores del apocalipsis pierden mucho fuelle en cuanto sales de las líneas que marcan las fronteras y se quedan sin más en munición mediática y política de uso interno y de escaso fundamento y menor alcance. Eso sí, esta misma decisión bien podría haber sido otra y suponer el inicio de otro escenario peor y en realidad el esfuerzo de los trabajadores y actores locales haber sido el mismo. Eso es lo que no hay que perder de vista para seguir trabajando en que estos mastodontes sean cada vez menos decisivos en el panorama laboral global.