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El glamour

La sustancia que acabó con Prince dicen que es entre unas 80 o 100 veces más potente que la morfina y unas 40 o 50 veces más potente que la heroína 100% pura. Se llama Fentanilo (Fentanyl en inglés) y es un opiáceo analgésico, utilizado lisa y llanamente para eliminar el dolor, aunque muchas personas lo utilizan como droga recreativa, de similares efectos a la heroína. Prince, comentan, era adicto a los analgésicos opiáceos y, como buen adicto, cada vez necesitaba o más dosis o sustancias más potentes para llegar al mismo estado que buscaba su organismo, que en su caso parece ser que era la ausencia de dolor -el que fuera- y un alto nivel de relajación, una búsqueda que se le acabó llevando por delante, haciendo bueno eso que canta Neil Young de “aquello que te ayuda a vivir te acabará matando”. Bueno, la lista de personas famosas y no tanto adictas a toda clase de analgésicos, calmantes, ansiolíticos, tranquilizantes y cualquier cosa que pueda necesitar el cuerpo cuando por algún motivo se desequilibra o lo desequilibramos es eterna y tan vieja como la vida y la medicina aplicada. Llama la atención la cantidad de artistas fallecidos o afectados por toda clase de adicciones, aunque tampoco debería llamarla tanto puesto que a fin de cuentas para crear suele venir bien subir y todos sabemos que después de subir viene bajar y luego hay que estabilizar y vuelta a empezar y así caen miles y miles y miles y lo seguirán haciendo, desgraciadamente, aunque jamás ninguna droga alcanzará en cantidad, daños y penetración en la sociedad y en todas las capas sociales, países y profesiones como lo ha hecho la más permitida, democrática y hasta promocionada de todas: el alcohol, la quinta mayor causa de muerte en el mundo y que con unos 3 millones anuales multiplica por 15 el número de fallecimientos de todo el resto de drogas juntas. Pero tiene menos glamour.