La vida real
Esto de la policía de proximidad me recuerda a Mercero y Farmacia de Guardia y “para dentro, Romerales”, que le decía María Garralón a Césareo Estébanez en la serie, ambos policías municipales en aquel barrio de cartón piedra en el que los mayores problemas es que no había problemas. Claro, luego llega la vida real, tienes que estar al cargo de policías de verdad y en ocasiones la proximidad se traduce en que de tan próximo que estás te llueven unas hostias o las repartes tú. Básicamente si hay unas gentes que denunciando el concepto de vivienda-mercancía se ponen a ocupar las mercancías que no son suyas -no estaría de más que esta gente comenzara su revolución (muy cierta en muchos aspectos) poniendo sus mercancías al alcance de todos. O algo- y llegan unos policías allá a ver qué pasa y a identificarlos, se pone un comisario delante de una puerta para que no entren más a una propiedad privada y los concienciados le pasan por encima, tal y como señaló Aritz Romeo, que es de EH Bildu, el mismo partido que desde Pamplona criticó la actuación policial. Gobernar es cabrón y lo que no se sostiene desde un punto de vista ideológico es defender ocupaciones y a la vez dirigir policías. Me parece muy bien que se busque y se abogue por un modelo de policía que no se dedique a dar hostias a las primeras de cambio y que se busquen actitudes que traten de prevenir los posibles conflictos y, una vez llegados estos, tratar de solventarlos de la mejor manera. Pero, claro, si la mejor manera es o regalarles el uso de un chalet público o que si cosen a hostias a uno de tus funcionarios el resto tengan que quedarse de miranda, pues mejor que no gobiernes, porque igual a los demás nos empieza a salir de los huevos no pagar la contribución urbana por estas viviendas mercancía que compramos a precio de platino y os paga el sueldo a todo cristo.