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La CCCP, un respeto

Ves el vídeo en el que el concejal de UPN Echeverría -que ya tiene un tiempo, el vídeo, puesto que el genial Fernando Chivite hizo referencia a él en su columna la semana pasada. Echeverría también tiene un tiempo, un par de siglos o tres, aproximadamente- se dirige al concejal de Aranzadi Armando Cuenca y Echeverría, para contestarle por un carril bici que Cuenca proponía para la avenida del Ejército, se pone a hablar de la URSS, de los talibanes, de 20 millones de muertos y de no sé qué tragedias más -solo le faltó Pol Pot, León Mercader y Bahía de Cochinos- y comprendes por qué el mundo funciona así de mal y de lento. Si unos señores para mejorar una ciudad pueden -por poder- proponer miles de temas y estos miles de temas todos ellos son susceptibles de que al señor del partido de enfrente esa mañana le dé por hablar de las utopías y de ahí enganche con la URSS y con todo lo demás por qué no le va a dar por rebatir un tema hablando de la imposibilidad y de ahí pase a los agujeros negros y de ahí al beso negro y de ahí a saber dónde y el tema concreto ahí, muerto de risa, oyendo la perorata, hombro con hombro con otros miles de temas aparcados en batería porque los señores concejales divagan y vagan, vagan como perros por el espacio interestelar de sus neuronas desconectadas. Todo cabe, al parecer, en un salón de plenos municipal, incluido que al personal se le vaya la pinza, lo cual está muy bien como anécdota, pero que es un grave problema como dinámica general, ya que aún está por demostrar que, salvo para salir en la prensa, los debates municipales, autonómicos o nacionales sirvan para algo efectivo, más allá de para evidenciar las diferencias entre unos y otros, que las recojan los medios, las emitan y los acólitos de uno y otro lado se refocilen. Aquí conduce la utopía de los debates políticos al servicio de los ciudadanos: ¡a la URSS y a Echeverría!