La gente normal
está siendo muy divertido para los frikis de Dylan seguir las reacciones de la gente normal. Por normal entiendo a alguien que no tiene en casa sus más de 40 discos oficiales, unos 20 libros -es, con 138 libros, el rockero sobre el que más libros se han escrito en inglés, por delante de los 98 escritos sobre Lennon y los 97 sobre Elvis- y varios tickets de conciertos. Ahora -hace unos días fue porque los del Nobel no le localizaban por teléfono- es porque no va a ir a recoger el Nobel, aunque al menos ha escrito una educada carta a los suecos y les ha dicho que se siente muy honrado con el premio y agradecido y que le encantaría poder ir pero que tiene “otros compromisos”, que confiemos que no sean de salud. Alguna gente, a la que ni nos va ni nos viene quién va o deja de ir a recoger un Nobel puesto que ni lo organizamos ni lo pagamos, casi se escandaliza -“¡qué poca educación!”- y algunos hasta aseveran que al dinero no renuncia -son unos 750.000 euros, cuando Dylan tendrá cientos de millones de euros, pero cientos-. Se lo han dado, está muy contento al parecer de que se lo hayan querido dar, se supone que escribirá el discurso -está obligado a entregarlo en 6 meses si no quiere que, por eso sí, se rechace su Nobel y el premio en metálico-, recibirá la pasta creyendo como El banquero anarquista de Pessoa que mejor en sus manos que en manos de desaprensivos y ya está, tampoco hay que ponerse así, tampoco fueron Lessing o Pinter y muchos otros. Dylan ha hecho toda su vida lo que ha querido, incluyendo ser el primer artista en ser abucheado por su propio público al introducir temas eléctricos, lo que galvaniza las pelotas para la eternidad. Es músico, lleva 55 años cantando y tocando, ha escrito letras que están esculpidas en piedra y si tienes suerte dentro de poco actuará cerca de tu ciudad. No le pidas que haga las cosas raras que hacemos la gente normal.