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Silencios cobardes

Lo que me preocupa de esto es eso que se llama el silencio de las buenas personas, ya saben, la frase de Luther King de que “la última tragedia no es la opresión y la brutalidad de la mala gente sino el silencio de la buena”. Hablo de Alsasua. Recuerdo los 80 y 90 y lo mucho que se decía que el común de la ciudadanía, los que ni mataban, ni secuestraban, ni extorsionaban, ni apoyaban a quienes lo hacían, eran mejores personas que quienes sí, con todo lo que eso supone, porque ser buena persona no es solo estar sentado en tu sofá sin hacer daño a nadie, es algo más, creo que es algo más o cuando menos debería ser un intento de bastante más. Pero creo que sí lo eran. Y lo son, con todas sus excepciones, que las hay. Porque creo que quien mata, daña, golpea -o tortura, condena sin causa, etc, etc- es peor persona que quien no y que es peor -no digo mala, digo peor- persona quien todavía acumula demasiado odio o rencor como para darle de hostias a alguien, sea guardia civil o abertzale. Me resulta tan repulsivo un tío o varios dándole de hostias a otro por ser guardia civil como por llevar una ikurriña. Pero por muy repulsivo, rechazable y sancionable que eso me resulte, por mucho que con gente que actúa así no me tomaría ni medio pote -ni ellos conmigo, no pasa nada- me resulta indignante que por eso alguien pase noches y días de cárcel y se enfrente a posibles penas de prisión indecentes, acusado de algo tan tremebundo como “terrorismo”. Y es entonces cuando me jode el silencio de las buenas personas, que posiblemente no compartiendo con los injustamente encarcelados ni un solo principio o manera de funcionar, permanecen calladas ante un atropello evidente. Es obvio que estos y otros miles callaron y callan cuando tuvieron lugar atropellos mucho más graves y definitivos y sin solución que este, pero, precisamente por eso, habría que hablar y denunciar este.