Cuadros alegres, cuadros tristes
Estuve viendo ayer la exposición que tiene en la galería Michel Menéndez de la calle San Antón el pamplonés Carlos Ciganda, unos cuadros en los que con su luminoso, irónico y particular estilo homenajea a pintoras y pintores famosos. Me encantan los rostros que dibuja, tan iguales y tan distintos, como le encantaron en su día a la Duquesa de Alba, que le compró uno en el que aparecía ella caricaturizada. El caso es que viendo esos rostros, que ya digo se asemejan y difieren, me acordé de las 220 personas tan diferentes y al mismo tiempo tan iguales que ayer habían vuelto a entrar en las listas del paro o habían entrado por primera vez. 220 personas más en el paro en este mes de noviembre -en el paro registrado, el que existe con nombre y apellidos-, lo que supone una clara diferencia con el año anterior, en el que se redujo en 50 personas. De cualquier manera, un ascenso que deja la cifra total en 38.916 personas, un número que sigue siendo elevadísimo tanto en global como por el hecho de que detrás de cada unidad de esas hay muchos parados de larga duración, mucho parado de edades altas que casi ha tirado la toalla y aguarda la jubilación resignado y gracias a apoyos familiares, mucho joven y no tanto que encadena contratos mierdosos cortos tanto en duración como en remuneración y, en general, mucha historia cabrona y dura, un drama -para muchos lo es, estar metido en casa aunque tengas para comer cuando estás en edad totalmente válida de construir es una carga psicológica enorme- que aunque haya mejorado respecto a 2015 ni mucho menos ha mejorado todo lo que debiera. Los cuadros de Ciganda, los rostros que retrata, son por lo general alegres y optimistas. Confío en que quien entró en noviembre en paro o lleva tanto dentro que ya ni sabe cuándo entró tenga algún día la opción de ver la realidad con la placidez e ironía que emanan de los cuadros de Ciganda.