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Convivencia

Creo que fue, cómo no, Dylan, el que, hablando de los 60, comentaba “y luego estaba ese rollo de juntemos las manos y todo se solucionará” y hace poco se lo leí a un periodista creo que guipuzcoano en un medio nacional, que venía a decir que no hace ni puta falta que convivamos, que no es necesario que nos veamos obligados a convivir, que basta con que no nos matemos los unos a los otros o no nos hagamos daño, que con que nos soportemos ya está bien. Lo decía desde el hastío que le provocaba la cuasiobligación impuesta externamente de llevarse bien. Y no le faltaba buena parte de razón, por mucho que lógicamente los deseos de muchos sean que poco a poco los puentes que se destruyeron vuelvan a levantarse. Pero es que se rompieron muchos puentes, durante muchos años y no se hizo de una manera equitativa y equilibrada o comparable o incluso con derecho a formar parte de una misma frase, de ahí que pedirle al familiar de un asesinado por ETA que no tenga repelús -como mínimo- a cualquier iniciativa que venga de un gobierno que incluye a EH Bildu y dentro de ese EH Bildu a gente concreta es pedir milagros, es pedirle a los hermanos de Mikel Zabalza que crean en Galindo. Luego ya podemos ponernos a hablar años de que UPN y PPN van a querer sacar réditos políticos, pero igual se podría acusar a Geroa Bai de querer llevar adelante asuntos muy verdes y que también se pueden querer cocinar en beneficio propio. No sé, si es efectiva ahora mismo una dirección general específica de este tema, de la Paz y la Convivencia y los Derechos Humanos. Lógicamente, cuando se mentan palabras tan importantes y a las que toda persona de buena fe aspira suena raro decir que igual ahora eso no vale un cagarro, por mucha buena voluntad que le pongan algunos, que no se duda. Pero tal vez sea mejor dejar que se enfríe del todo la ceniza para recogerla sin quemarnos otra vez. No sé.