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Combate desigual

Es de reseñar el talante con el que el consejero de Hacienda se suele dirigir a los parlamentarios de la oposición que se enfrentan a él. Por lo general, es muy lógico que un consejero o una consejera -antes y ahora- sepan mucho más del tema del que hablan que los miembros de la oposición, que tienen que lidiar con decenas de temas diversos que no pueden estudiar a fondo. En el caso de Aramburu, que lleva 35 años en Hacienda, en las filas del PSN se las tiene que ver, por ejemplo, con una más que respetable socióloga, Ainhoa Unzu, que lo intenta con denuedo pero que, lógicamente y por mucho empeño que le ponga -ni ella ni casi nadie, incluso del sector-, podrá debatir de tú a tú con alguien que se conoce tanto la casa como la materia como la palma de la mano. No es nada habitual algo así, en la medida que muchos cargos de gobiernos anteriores eran más políticos y en pocas ocasiones tan técnicos como este. De hecho, ni uno solo de los consejeros de Hacienda desde 1983 tiene un perfil laboral similar al de Aramburu, por lo que se podría decir que en su caso se junta todo para que sus comparecencias sean un baño tras otro a una oposición que, además, ve cómo los ingresos aunque lentamente van mejorando, lo que, unido a la reforma fiscal -que también suma lo suyo-, hace que sea difícilmente criticable o pillable en un renuncio, ni siquiera político. No es un halago, sino una descripción, porque la situación global le favorece, la legislación aplicada también y porque sencillamente les da mil vueltas, desmontando con enorme paciencia y educación todos los tópicos -infierno, deslocalización, la peor comunidad, etc-, sin apenas entrar en valoraciones políticas de ninguna clase, más allá de lo que dijo el martes: “Entiendo que la derecha no quiera pagar impuestos. Es legítimo, pero que lo diga”. De hecho, creo que esa derecha -UPN, PPN y PSN- ya lo da por imposible.