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Jornada continua

Como en otros muchos colegios, hoy también se vota en el de Luka si para el año que viene se implanta la jornada continua o si sigue la partida, la vigente en la gran mayoría de los colegios. Con la jornada continua se ganan cosas -padres y alumnos- y se pierden cosas -padres y alumnos-, de la misma manera que ocurre con la partida, una situación trasladable al nivel pedagógico, académico o de rendimiento, ya que no hay estudios claros que indiquen diferencias, aunque ya puedo asegurar desde ahora que soy de esos padres que se meten el 0,5 puntos en el Pisa entre este cole y el de allá por ahí. El tema es que asistiendo a las charlas, leyendo, oyendo y viendo he llegado a una conclusión bastante clara: los horarios de los niños están puestos para que nos vengan bien a los padres. Al menos en mi caso, con un crío que aún no tiene 4 años, me parece completamente desproporcionado que, ya sea de manera continua o partida, tenga que estar casi 6 horas en el aula, por mucho que básicamente se dedique a jugar, que es lo que les toca a esas edades y espero que mínimo hasta los 6. Afortunadamente, la flexibilidad del colegio es enorme y los días que lo notas cansado no lo llevas a la tarde -o cuando sea- o si te da la gana y hace sol pues tampoco, qué leches, te vas con él al parque. Muchos padres y madres no pueden hacer esto, puesto que seguimos viviendo en el país de los horarios imposibles y de los abuelos y de las abuelas llevando y recogiendo niños. Está muy bien el debate de la jornada continua y personalmente y por probar creo que es un escenario mejor que el actual -o al menos con menos ataduras- y que ofrece más alternativas a quien quiera tenerlas, pero el debate también debería ser el ínfimo nivel de recursos públicos y privados que se sigue destinando a conciliar a costa de seguir currando los que más horas de Europa y a qué horas, a qué horas.