Síguenos en redes sociales:

Se puede

Informado y ayudado por mi hermano, que lleva lustros ojiplático e indignado con las mafias eléctricas y el contubernio político, el año pasado abandoné para siempre el contrato sempiterno con Iberdrola y a través de internet y en un periquete me hice de Som Energía. No tuve que cambiar contadores, ni llamar a Iberdrola, ni hacer nada más allá de dar mis datos y Som Energía se encargó de todo, incluido que Iberdrola dejara de mandarme sus facturas, a cada mes más altas. En este año, calculo que habré pagado un 15%-20% menos de lo que pagaría si siguiese en el gigante Iberdrola, soy uno de los 29.000 socios de Som y uno de sus 41.000 contratos de luz. Som es una cooperativa de producción y consumo de energías renovables sin ánimo de lucro con sede en Gerona. ¿Ventajas de esto? El precio, primero. La apuesta por las renovables, segundo. Quitar un cliente a uno de los integrantes de la mafia, tercero. Que ni uno solo de tus céntimos vaya al bolsillo de un tipo como Ignacio Sánchez Galán (43.000 euros de sueldo al día. Han leído bien: al día), cuarto. Poner un pequeño granito de arena para que los pequeños crezcan en detrimento de los grandes, quinto. Y, sin número cardinal concreto ni tampoco orden por importancia como tampoco la llevaban las cinco razones anteriores, sentir la leve satisfacción -sin ningún mérito de ninguna clase, ya les digo que no he hecho nada más allá de rellenar cuatro datos cinco minutos en internet- de que ningún cabrón sin escrúpulos va a beneficiarse ya más -al menos en el plano eléctrico- de mi desidia. Porque reconozco que no me cambié antes por desidia, por pereza, por desconocimiento, por creer que iba a ser difícil, por todo eso que hace que no nos movamos de pagar lo que nos pidan los de siempre como siempre por lo de siempre y así nos va a ir siempre. Se pueden hacer algunas cosas. Pequeñas, vale. Pero hay que hacerlas.