Y una bonita distancia
La columna va por su 12º año consecutivo, 9º mes, semana 37ª, día 179 de la temporada de los 215 con que cuenta la campaña 2016-2017, al final de la cual se habrán acumulado ya la nada despreciable y quizá sí bastante empalagosa cifra de unas 2.550 columnas desde octubre de 2005. Pues bien, en pocas ocasiones de esas 2.500 y pico he sentido tanta necesidad de hacer eso que decía el añorado maestro Eder de “tomar una buena velocidad y una bonita distancia” como tras leer que un determinado grupo de gentes con el casi inmediato apoyo de partidos como UPN, PPN o Ciudadanos ha organizado una manifestación para defender la bandera de Navarra. Ignoro de qué o de quienes la quieren defender, puesto que la bandera de Navarra no ha sido atacada por nadie, ni la derogación de la anterior y restrictiva Ley de Símbolos la desprotege de su valor ni lugar, ni se ha movido una coma de la Lorafna y va a seguir ondeando en todos y cada uno de los edificios públicos de Navarra. Pero, una por una, a estos ciudadanos no les parece gustar que haya conciudadanos que vean en la ikurriña no el símbolo de otra comunidad sino el símbolo de un sentimiento geográfico, cultura y social y que quien quiera pueda hacer ondear en su ayuntamiento ese sentimiento si así lo decide el pleno y la mayoría. No les gusta y han montado una performance para defender a algo de un ataque inexistente, con la ayuda inestimable del rodillo mediático habitual y los partidos mencionados. Recuerden que yo con ambas banderas me haría trapos para limpiar la vitro, pero dan ganas -muchas- de echar a correr del lugar paleto -más-, aldeano -más-, restrictivo -si pudieran, más- en el que tantos se sienten bien, cómodos y ellos mismos, adjudicándose, eso sí, el uso de la bandera que llaman común, cuando solo respetan su común. La bandera de donde quiero vivir no incluye a tanto integrista disfrazado de defensor.