Gómez
No había revistas de ciclismo aún en el panorama nacional, porque Ciclismo a Fondo salió en 1985, así que cuando acababa el Tour esperábamos como el maná ir a pasar el día desde el pueblo hasta Saint Jean Pied de Port o que la tía Ana Mª fuera a Gómez y la comprara y nos la pusiera en el autobús con Teodoro y viajara río Irati arriba. Mis primos y yo la recogíamos y nos pegábamos todo agosto mirando aquellas fotos y aquellos textos, embelesaos. En Gómez de la plaza del Castillo vendían el Miroir du Cyclisme y centenares de revistas y a lo largo de su historia habrán vendido seguro varias decenas o centenares de miles de títulos diferentes de libros. Desgraciadamente, desde hace unos cuantos años han cerrado varias librerías de referencia de esta ciudad, así como otras tantas en los barrios, no tan conocidas pero igual de valiosas para quienes las visitaban y compraban en ellas. Ahora le llega el turno a Gómez, a los 4 Gómez de la ciudad, y la verdad es que no encuentro reproches externos que hacer, en la medida en que ni yo mismo me he comprado para mí ningún libro hace tiempo salvo para hacer regalos y por tanto mi inversión en esas u otras librerías es baja en comparación a lo que era hace 10, 15, 20 o 25 años. Imagino que como me sucede a mí le sucederá a más gente: no es que haya cambiado el libro en papel por el electrónico, es que directamente Internet y sus entretenimientos han pasado a ocupar buena parte del tiempo de lectura que antes ocupaban libros, revistas y prensa escrita, una situación general que ha derivado en los consiguientes bajadas en ventas de todas estas publicaciones y de quienes viven de la venta de las mismas, entre muchos otros sectores afectados. Confío en que para cuando recupere el juicio y recuerde el inmenso placer de concentrarme en algo hermoso, escrito y eterno quede algún lugar en la ciudad en el que pagar por ello.