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La calle y las calles

Más de 1.600 personas abandonaron en Navarra el paro registrado en mayo, hasta alcanzar una cifra de 36.773 personas paradas. Así, el volumen global se sitúa por debajo de los 37.000 por vez primera desde enero de 2009, cuando eran 36.400. La tendencia, que muestra un notable descenso notable del 18% desde mayo de 2015, seguirá hacia abajo hasta septiembre y a partir de ahí subirá hasta febrero o marzo, para luego seguir bajando hasta septiembre y así sucesivamente, sin grandes variaciones o sorpresas salvo graves crisis. Si uno coge los gráficos del paro en Navarra desde el 2000, los dibujos son claros, de la misma manera que la situación es obvia: hay bastante menos gente parada que en 2013, 2014, 2015 y 2016, pero el global sigue siendo excesivo y casi el doble de lo que se registraba antes de la crisis. Por tanto, siendo siempre positivo que el desempleo baje, no hay mucho más de lo que felicitarse, puesto que los contratos temporales siguen siendo los dueños absolutos del mercado laboral, al igual que la precariedad y los salarios irrisorios en muchos sectores y franjas de edad, como la dantesca situación de los parados de larga duración y la nula empleabilidad de muchos que ya han tirado la toalla. Cuando durante años y años te mueves en números de 20.000 parados y en apenas 1 año doblas y en 4 casi triplicas y 8 años después aún mantienes casi un 80% más, el daño que se ha hecho y que se sigue haciendo es irreparable. Recuerdo que en una de sus promesas electorales, Esparza decía que con él en el poder el paro bajaría del 10% para 2019. Con el cuatripartito en el poder, esa cifra se tocó hace ya un par de trimestres y en paro registrado se lograra de aquí a final de verano. Pero eso, aunque sea satisfactorio, es una minucia comparado con la tarea que queda, un reto mucho más crucial que los que sacan a las calles a protestar a los confiados empleados.