Síguenos en redes sociales:

Ni las ‘manifas’ son lo que eran

Hay un tema del Maestro -lo cantó en segundo lugar cuando descendió sobre Pamplona en 2008- que dice “no hay éxito como el fracaso y el fracaso no es un éxito en absoluto” que bien se podría aplicar a la manifa del sábado. Porque ni fue mucho ni fue poco, ni sirvió a unos ni sirvió a otros. Se quedó a mitad de todo, ya que ni de lejos supuso un gentío que pudiese considerarse como un gran golpe de mano a los partidos que la utilizaron como azote contra el gobierno ni tampoco fue ningún fiasco, puesto que los partidos que conforman o apoyan al gobierno no pueden obviar que entre 15, 20 o 25 mil personas y una txistorra salieron a la calle -con lo poco que eso se estila-, a quejarse contra ellos, da igual que fuera con la excusa de la bandera o sin la excusa. No es poca gente, no haría bien nadie en minimizar esa realidad, por mucho que el modo y manera en que nació y se gestionó el asunto fuese muy hipócrita. Por supuesto, Barkos y compañía conocen la existencia de una determinada cantidad de cientos de miles de navarros que piensan y sienten de una manera concreta y son conscientes de que cuando creen que les han pisado un pie un porcentaje de ellos son capaces de salir a la calle sea el motivo real o irreal, pero que ese porcentaje haya sido menor que el que igual pretendían UPN, PPN, PSN y Ciudadanos no implica que muchos no sigan en sus casas con el voto preparado en la boca. Porque ni siquiera las manifestaciones son ya como antes, con lo que juntarse más de 1.000 cuando no es por algo muy emocional -asesinatos recientes, cercanos, etc, etc- siempre tiene que hacer pensar o cuando menos calibrar que detrás de una cifra concreta hay otra muy superior. Menor que hace 5 años, seguro, pero no tan menor como les gustaría a muchos. Minimizar -como ha hecho algún político- las cifras ajenas es una chulería imperdonable para quien gobierna por 200 votos.