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La presión

el mundo judicial es para mí una absoluta entelequia, antes entenderé cómo funciona la telefonía sin hilos que enterarme bien de cómo están organizados juzgados, jueces, supremos, audiencias nacionales y todo ese enjambre inextricable de lugares, denominaciones, jerarquías y escalafones, tan enrevesados para mí como para el 99% de los ciudadanos normales y corrientes. Hay que meter muchas horas y muchos codos para hacerse cargo mínimamente de cómo funciona la Justicia en España. Para lo que no hay que meter muchas horas es para quedarse pelín pasmado al leer al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, Joaquín Galve, decir que notan “presión” para resolver los recursos que han presentado las distintas partes con el tema de la sentencia de La Manada y que preferirían “no sentir esa presión”. Bueno, señor Galve, es comprensible lo que nos cuenta, pero presión tenemos todos, unas más, unos menos, pero presión tenemos todos, interna, externa, laboral, económica, social, mediática y a veces de todo eso junto y quien no la tiene igual está en el paro y no tiene para dar de comer a su familia, que eso sí es la verdadera presión. Dice Galve que la presión no es de instancias superiores, sino más bien una presión mediática, con lo cual pues no le veo mucho mayor problema que el incordio que pueda suponer temporalmente ser centro de atención de los medios, que reconozco que podemos llegar a ser pelmicas y en casos puntuales auténtica basura, pero no creo que sea de recibo quejarse de presión cuando formas parte de una profesión privilegiada en muchos aspectos y que excepto algunos casos mediáticos vive en general apaciblemente sin más sobresaltos que los propios de una labor que nadie duda que sea compleja, pero no más que otras e incluso bastante menos que otras mucho más expuestas, peor valoradas y peor compensadas a todos los niveles.