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Pasos por la ciudad

El martes me bajé al móvil una aplicación que contase los pasos que doy y, con ellos, la distancia. Estoy como un niño y aunque no tengo intención de volverme Forrest Gump sí que martes y miércoles me di un par de garbeos bastante grandes por la ciudad, el martes de 16 kilómetros y el miércoles de 11. El martes vagué sin rumbo concreto por San Juan e Iturrama y entre lo que vi fue que ya ha pasado a la historia la panza de madera del bar Doña Cuba, que tras varios años cerrado va a dar paso a un escaparate circular pero acristalado. A mí eso me da más pena que si mañana tiran los Caídos, por los que, por cierto, también pase el martes a eso de las 8 de la tarde y estaban como siempre, atestados de la nada más absoluta. Por Iturrama lo que vi es algo que ha estado ahí siempre pero en lo que, por lo que sea, me voy fijando cada vez más: muchos edificios envejecen de golpe, los que hace 30 años te parecían lo último comienzan a estar feos, con churretes de suciedad y humos, con las ventanas avejentadas y persianas y alféizares machacados. Pamplona, muchas zonas, envejece, casi al ritmo que los habitantes de muchos barrios van ganando en edad media. Hay barrios en los que la edad media es ya muy alta, casi tan alta como el precio de los pisos o de los alquileres. También vi mucho comercio cerrado, mucha bajera sucia, hasta el mítico Macoe de Fuente el Hierro anuncia su traspaso. Hay comercio, sí, pero cada vez menos. Pasé por el carretil interior de la Meca en el que a un lado se quiere instalar el macro centro comercial cuyo PSIS aprobó UPN estando en el Ayuntamiento. Iturrama no necesita ese centro comercial, no lo necesita Pamplona, solo va a acelerar la bajada de persianas. Cuando leo a Maya quejarse de nada relativo al comercio de la ciudad o a la hostelería en lo Viejo el podómetro me cuenta los pasos de 8 en 8, la velocidad a la que se van a cerrar tiendas.