Los medios y el espectáculo
Está muy bien que Rafa Nadal se pusiera unas katiuskas y se plantara a ayudar a sacar agua y barro en Sant Llorenç, donde unas horas antes habían muerto 10 personas. Nadal nació a 10 kilómetros de ahí y vive aún a menos, con lo cual es normal que estuviese hecho polvo y que quisiera ayudar. Hasta ahí, todo lógico y que entra dentro de los parámetros que se nos presuponen al 99% de las personas. El problema viene cuando varios fotógrafos captan eso y la imagen de Nadal comparte espacio con la de la tragedia -su foto llegó a encabezar la web de El País- y en ocasiones incluso la desplaza u oculta, llegando a adquirir su figura en algunos artículos un aura de heroísmo o humanidad que ya quisieran para sí los cientos de millones de personas que día a día trabajan por los demás en situaciones de pobreza, guerra y miseria. Nadal está con unas katiuskas y una pala a 5 kilómetros de su casa, ayudando, como miles de personas anónimas, pero un periodista -por ejemplo- escribe que “el mundo se le queda pequeño”, ni más ni menos. Mientras, corre el rumor de que Nadal pidió a los fotógrafos que no le sacaran fotos. Creo eso que se dice de Nadal, que no quería aparecer, que no quisiera dar pie a que nadie dijera que iba allá a ganarse emocionalmente aún más al público y tampoco que nadie lo elevara a los altares. No pienso que ver a Nadal tirar de pala sea más ejemplo para millones de niños que si ven a personas normales y corrientes ayudarse los unos a los otros y sí que la acción de Nadal ocupó un espacio excesivamente destacado en muchos medios españoles. Sinceramente, creo que es un error, puesto que solo es una anécdota, positiva y de agradecer, pero nada más allá, en medio de una tragedia enorme que sí necesita toda la atención. No tengo duda de que Nadal es un gran tipo, pero la obsesión de la prensa española por espectacularizar cualquier cosa lo enfanga todo.