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Libre elección

Siguiendo con su costumbre, el gobierno de Uxue Barkos nos va a imponer que esta noche cambiemos al horario de invierno y que, como ya notamos desde ayer, comience la rasca y la cueva como poco para los próximos 8 meses. Barkos y compañía gobiernan así, a golpe de imposición, tal y como viene diciendo la oposición desde 2015. La última es el ya famosísimo programa Skolae, implantado por cierto en varios colegios católico-privado-concertados sin ningún problema, pero que ha servido para que de nuevo se mienta con firmeza, pintando una realidad completamente ficticia. Lo gracioso del tema, no obstante, sigue siendo la facilidad con la que a muchos se les sigue llenando la boca con lo de la libertad de elección de los padres, que es cierta y está muy bien, pero que debería llevar un hasta dónde y cómo. Hay un sector no pequeño de padres y madres que básicamente llevan a sus criaturas a la privada-concertada cuyo única relación deseada con lo público y las obligaciones o responsabilidades que de eso emanan es que les subvencionen el colegio. El argumento: pago impuestos como el que más y también pago cosas que no me gustan. Correcto, nos pasa a todos, pero todos tenemos que pasar por ciertos peajes si recibimos el dinero público que ayuda a desarrollar nuestras libres elecciones. Estos colegios -algunos, no todos- quieren la pasta pero no saber nada de minorías étnicas, alumnos de determinados estratos económicos, contenidos obligatorios. Nada. Es un sistema perfecto, con el que han colaborado siempre los gobiernos de turno -los anteriores y este- puesto que invertir en más y mejores colegios públicos sigue siendo en el corto plazo más caro que soltar la guita a los privados ya instalados y cerrar el grifo es perder las elecciones. Lo diré siempre: el que quiera una educación a la carta sin obligación ninguna que se la pague entera.