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Los días señalados

Nos dieron las cenizas de la abuela la mañana de Nochebuena de hace 3 años, las llevamos al cementerio junto con las de su marido menos unas pocas que enterramos en el pueblo al lado de las mi madre y su hija y por la tarde-noche del día de Nochebuena fuimos a misa a una iglesia a menos de 300 metros de su casa y luego cada uno cenó donde le tocaba. La vida es así, un rodillo, y te puede llegar a plantar -y de hecho lo hace muy a menudo- los supuestos días señalados de una manera completamente descoordinada con tu situación anímica. Alguien le dijo a mi hermana que era ley de vida y que la abuela ya tenía 98 años y eso es así, eso es la teoría y la teoría la acepta cualquiera, pero nuestra abuela era una presencia constante y básica para sus nietos y la echamos y la echaremos de menos siempre. ¿Qué cojones importa que tuviera 98 años? Bueno, no pasa nada, el amor hacia otras personas solo lo entiende quien lo profesa, no acepta baremos ni frases hechas, afortunadamente. Y, objetivamente, es cierto que había cumplido con su ciclo vital más que de sobra, pero quisiéramos besarla. ¿Es malo eso? No, creo que es bueno, creo que es lo mejor que hay, acordarse de las personas así que todos tenemos y querer besarlas. Y, en fechas como estas, todos añoramos eso, todos, con mejor o peor ánimo, les tenemos en mente durante unos instantes o durante más que unos instantes y con suerte les vemos con media sonrisa en la boca o incluso a carcajadas si compartes con alguien alguna chorrada. Poco antes de morir, mi madre se meaba de risa cuando le contaba que, la última vez que había estado ingresada, una noche deliraba por la medicación y decía: “Hay rusos subiendo por la pared. Y tu primo Daniel se ha llevado toda las natillas de la despensa de la abuela”. Cada Nochebuena imagino a la abuela persiguiendo a Daniel entre rusos subiendo paredes. Feliz Navidad.