Al paso que llevamos creo que palmaré y ninguno de los 25 de diciembre que me quedan -y pienso llegar al 2060 mínimo- podré leer las noticias sin que en ellas aparezca lo que ha dicho el Gei de España o su hija o quien les salga del higo poner. Hay cosas con las que soy radicalmente pesimista y una es esa: nos vamos a jalar a los ocupas estos hasta que las ranas críen pelo. Basta ver que ahora hasta el Pablo Iglesias de los 600.000 euros ve “claves interesantes y aciertos que reconocer” en el discurso que dio el tío en la noche del 24. Cuando te pones a comentar lo que de acertado o interesante puede decir un señor que no rinde cuentas a nadie, que está ahí por una ley medieval, por una ley machista, retrógrada, antidemocrática y todo lo que ustedes quieran no haces sino blanquear todo eso, que tiene de blanco lo que yo de cura. No hay nada que comentar cuando las palabras vienen de instituciones así, que están muy por encima de la ciudadanía, en el año 2018 casi 2019, en un país supuestamente avanzado y donde el 99% de la población tiene dos dedos de frente y una dignidad, aunque incluso parte de esa población doble el testuz delante de esta peña. Absolutamente nada que decir de lo que le venga en gana soltar por la boca a este o a los que le sucedan. Lo único que se le exige a alguien que en teoría debe pelear para que esta figura del medievo desaparezca es que trabaje para que desaparezca: nada más. Es que ni siquiera se trata ya de esa dicotomía idiota Monarquía-República o el bando político que se ocupa. Es más sencillo que todo eso: es fomentar lo contranatura o blanquearlo. No hay más historia, es que llevamos siglos de evolución y conocimiento y aquí aún tenemos que aguantar esta clase de historias, es profundamente idiota todo, debería haber sanciones gravísimas de la ONU para los países que aún tienen que aguantar oficialmente esta miseria moral.