He escrito varias veces de este tema porque reconozco que es algo que me tiene ensimismado. El hecho de que año tras año en invierno se repita la misma situación cuando se dan a conocer los presupuestos generales de Navarra no baja un ápice mi pasmo: la subvención que los navarros vamos a dar a la Fundación Baluarte para que esta a su vez sufrague a la Orquesta Sinfónica de Navarra subirá en 2019 casi 400.000 euros y alcanzará los 5,5 millones de euros. Como ya he escrito en anteriores ocasiones, la OSN es una orquesta con funcionamiento privado pero que en su mayor parte vive del dinero público. La partida, esa partida de 5,5 millones, es, con muchísima diferencia, la más grande de todo el Departamento de Cultura y supone casi el 10% del total del presupuesto del Departamento de Cultura, Deporte y Juventud. De hecho, la segunda y tercera partidas en Cultura, que son Programas de apoyo a sectores culturales y artísticos y Subvenciones a ayuntamientos para acciones culturales, son de 1,3 y 1,2 millones respectivamente, a años luz. También he explicado muchas veces que nada tengo contra la música clásica ni contra los conciertos o la labor que hace o deja de hacer la orquesta, pero que no entiendo por qué tenemos que sufragar de facto a que haya una estructura de seguro que de más de 50 personas solo músicos ya hay 50 financiada por todos pero no así en otros campos de la cultura, sin haber establecido requisito oficial ninguno para que estén unos sí y otros no. Ojo: que le dure toda la vida el trabajo a quien lo tenga, pero lo que no comprendo es por qué unos sí y otros no y por qué sí y solo sí este tipo de cultura y actividad cultural y no otras, que tienen que subsistir de maneras completamente diferentes y por supuesto más precarias. Al parecer, está asimilado por la sociedad o al menos por el poder que esto es así, como una ley natural, y punto y a callar.