Voluntarios

10.11.2021 | 00:17
Voluntarios

Hace un par de semanas me crucé con una cuadrilla de chicos y chicas con Síndrome de Down. Imagino que salían de los locales de la Asociación, porque estaban por esa zona, la de Arrosadía y Lezkairu. Uno de ellos –tendrían entre 18 y 30 y pico años– iba por delante y oyó el aviso de un mozo que imagino sería el voluntario que iba con ellos: Ander, no te adelantes, que Teresa va más lenta. Teresa iba la última del grupo y el voluntario le estaba ayudando a atarse bien el abrigo, porque ya estaba casi anocheciendo en esa tarde de sábado en la que esa banda de amigos y amigas con Down daban una vuelta por Pamplona mientras un solo voluntario de poco más que la mayoría de edad se hacía cargo de ellos y le abotonaba el abrigo a Teresa con un cariño que se te deshacían las piernas al verlo. Se suele decir que la inmensa mayoría de la gente es buena y creo que es cierto. Pero la bondad real se demuestra, como todo, cuando se lleva a la práctica. Ese chaval es oro puro, como lo son quienes siguen dando tiempo, esfuerzo, partes de su corazón y parte de su proyecto vital a los demás de manera desinteresada. Esa es la gente que hace que camine el mundo y que no se venga abajo de manera irremediable. Leo que el París 365 atendió en 2020 a un 34% más de personas que en 2019 y pienso en los colaboradores y colaboradoras de esa entidad y en las miles de personas que en unos campos y otros –hay mucho en lo social, pero también en lo cultural, deportivo, etc.– se ofrecen para hacer muchas de las cosas sin las cuales el panorama sería mucho más injusto, vacío, sombrío y triste. Esos chavales y chavalas pasan tardes chulas de sábado y sus familias descansan un poco gracias a unos pocos. Los usuarios del París 365 comen gracias a otros pocos. Son muchos, pocos en porcentaje, pero valen por todos los demás. No hay medallas de oro de Navarra suficientes para tantos que las merecen.

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