Covid en Moria

10.09.2020 | 00:46
Café bebido, por Reyes Ilintxeta

El polvorín de Moria ha estallado. Un incendio ha destruido el campamento de refugiados de la isla de Lesbos, un espacio para 2.500 personas donde malviven, o malvivían, 13.000, 4.000 de ellas niñas y niños. Al parecer el fuego se inició después de una protesta de refugiados que habían sido obligados a aislarse tras detectarse tres docenas de casos de covid-19. Esto ha provocado una huida en masa hacia la capital Mitilene situada a 7 kilómetros, estampida que las autoridades han pretendido frenar con un fuerte dispositivo policial. Lesbos tiene 86.000 habitantes y 20.000 refugiados.

A principios de julio volvió a Pamplona Fermín Artola, voluntario de la ONG Zaporeak, que llegó a Lesbos el 1 de marzo con la intención de estar un par de semanas colaborando en la cocina y se quedó cuatro meses. En una entrevista me contaba que en Moria hay una fuente por cada 1.300 personas y un baño para 200. Es enorme la frustración que supone para todas estas personas llegar a Europa y verse atrapadas en esta ratonera durante meses y años como consecuencia del acuerdo firmado en 2016 entre la UE y Turquía para frenar las llegadas por mar. El nivel de tensión y violencia es extremo. Me contaba que las mujeres no se atreven a salir de sus chabolas por la noche para ir al baño por el grandísimo riesgo de ser violadas y por ello muchas duermen con pañales.

Moria no estaba preparado ni de lejos para la pandemia. Desde el 23 de marzo las autoridades han mantenido el campo en cuarentena y han evacuado al continente a un millar de personas vulnerables. Eso es todo lo que han hecho. El resto ha sido obra del covid, el fuego y la desesperación.