Isla Busura

La bofetada

12.06.2021 | 01:08
Momento en el que Macron recibe una bofetada.

¿Cuánta energía libera una bofetada bien dada? Comparada con los 10.000 millones de julios que descarga un rayo puede parecer poca. Pero no la menospreciemos porque el rayo ocupa un cm de ancho y 5 km de largo y el eco de la bofetada, si se elige bien destinatario, se expande hasta el infinito. Es una pena que el instante lo haya registrado un fan con un móvil y no un fotógrafo. La imagen habría entrado directa al World Press Photo de este año junto a las del primer abrazo de dos familiares separados por un plástico, la joven negra que mira al cielo mientras soporta a un blanco airado ante el memorial de Lincoln, la familia que abandona su casa en Nagorno- Karabaj, el hombre solo ante la plaga de langostas de un país africano y el herido de torso desnudo tras una explosión en Beirut.

Emmanuel Macron había amanecido el martes como todos los días, se había duchado y envuelto en su funda de presidente en gira electoral. Zumo, café, croissant. Francés, claro. Era la una y cuarto y ya se aproximaba la pausa para un almuerzo frugal tras haber visitado una escuela secundaria en Tain-L'Hermitage, un pueblito de 6.000 almas en el sureste de Francia. Coreaban su nombre tras las vallas de seguridad. El último baño de masas. Adelantó un antebrazo amable hacia un joven de camiseta kaki que marcaba pectorales y bíceps –practicante de artes marciales medievales, sabríamos después–, quien lo recibió con su mano izquierda. Y entonces sucedió. El joven Damien Tarel alzó el brazo derecho y lanzó limpiamente su mano contra la mejilla de Emmanuel soltándole un tortazo de los que te voltean la cara. De amante despechado. De votante insatisfecho. De opositor que descarga descontento. Por supuesto todo el mundo ha condenado el gesto. No lo vamos a defender. Pero tampoco vamos a negar que la ejecución de esa coreografía es pura belleza. Que en ese liberador tortazo a mano abierta viajábamos todos los que nunca lo hacemos pero a veces lo pensamos, y que en ese segundo Macron fue nuestros gobernantes y jefes, incluso en una milésima, nuestras parejas e hijos.

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