Y tiro porque me toca

Dudas y pocas certezas

08.11.2020 | 10:21
Y tiro porque me toca, por Miguel Sánchez Ostiz

I Confinamiento. ¿Nos van a confinar? La pregunta está en el aire de las conversaciones y no sé si esconde desesperanza, miedo a volver a pasarlo peor de lo admitido, ganas de que ocurra algo novedoso de lo que hablar. En realidad, no se habla de otra cosa sí, cualquier día de estos nos encierran, si dicen que no, es que sí, en la cárcel tenían que confinar a algunos No sabemos nada. Ni los que aceptamos y aguantamos las medidas que con mejor o peor fortuna toman los gobernantes ni, me temo, quienes las toman. Todos con la confianza más o menos fundada, o remota, en que esos remedios, de eficacia no probada o dudosa, sirvan para algo. Incertidumbre total. Nos lo tomamos a risa, pero admitimos que a puerta cerrada el miedo nos puede. ¿Nos van a encerrar o no?

II HOJALATEROS... a ratos eso somos, cuando nos da por ejercer de virólogos y epidemiólogos, y hasta de adivinos del porvenir. Se lo decía el general liberal Diego de León a quienes, lejos del campo de batalla, le reprochaban algún error táctico en sus cargas de Caballería: "Ojalá hubiese hecho usted ". A lo que De León, que había bregado en persona, respondía llamándoles hojalateros. Pasa mucho. No es de hoy, cuando no hay día que no pensemos, y tal vez con razón, en que el gobierno central hubiese debido tomar mucho antes algunas de sus últimas medidas. Algo que en algunos casos se revela cierto a cojón visto. ¿Se hubiese evitado la segunda oleada epidémica de haber cancelado el verano de los turistas y la hostelería? Ahora es fácil conjeturar sobre ello, dejando a un lado la pérdida de puestos de trabajos y la ruina de muchas pequeñas empresas, asuntos estos de los que se habla menos de lo que se debiera. ¿Qué pasa con aquella economía que en el mes de marzo iba a sufrir una hecatombe? Parece que en la especulación de Bolsa o en la especulación a secas, se ha ganado mucho dinero ¿Por qué? ¿Quiénes han salido perjudicados de los juegos de otros? De hecho, el hormigón, a la sombra o no de los gobernantes de turno, no para como si en lugar de hormigonera, fuera bombo lotero que siempre les toca a los mismos.

III Nueva normalidad. No sé si se han fijado en que de la nueva normalidad se dejó de hablar en cuanto apareció en escena. ¿Qué pasó? ¿Se fue de vacaciones o se confirmó que era lo de siempre, pero empeorado? La nueva normalidad trajo consigo el olvido y el despiporre, la falta de empatía social y de solidaridad activa, la incapacidad de actuar en común y un vivir suicida cotidiano que nada tiene que ver con aquel "vivir peligrosamente" del fascista D Annunzio Somos peor de lo que pensábamos, se dice, y el prójimo no es nuestro semejante, sino nuestro enemigo. Desconfianza, mal humor, ansiedad descontrolada y miedo al contagio son los colores de esa normalidad en la que vivimos. De los aplausos a los sanitarios no queda ni el humo y del banderoleo entre flamenco y taurino, ha quedado lo peor que podía quedar: un patriotismo de mala traza. De quedar algo, sobrevive la idea cruel de que es obligación de la gente de la Sanidad trabajar en las condiciones en las que trabajan y que a ver qué se han creído si empiezan con reclamaciones y peticiones extemporáneas siempre, sobre todo cuando denuncian el mal gobierno Mal, muy mal. Se acabaron los héroes y las heroicidades. ¿Se ha avanzado algo en la recuperación de lo público? Lo dudo. Los escándalos de hace unos meses se han venido abajo quizá por exceso de uso. La rutina lo iguala todo.

IV El barómetro de la inquietud. A diario nos asomamos a las estadísticas, como antes se miraban los barómetros o los resultados de las quinielas y otras apuestas deportivas incluidos los resultados de la elecciones propia y ajenas, con la esperanza de que los números negro cirrión bajen y de que no nos convirtamos en un número. No sabemos si los contagios son más de los que dicen o menos, y los fallecidos lo mismo a ver, a ver, cuántos hoy, subimos, bajamos, ¿Y en Francia y en Alemania? A ver, a ver Una especie de carrera, propia de un salón de juegos, que de deportiva no tiene nada y de siniestra, mucho. Nuestro horizonte diario y borrascoso.