¿Acaso la vida real se puede enseñar?
¿qué parte de nuestro aprendizaje es verdaderamente importante para la vida real, la que nos espera fuera de las aulas? ¿Dónde te enseñan, si es que se puede enseñar, todo aquello que te convierte en lo que eres, desde el punto de vista humano y profesional? ¿Dónde hay manuales para poder gestionar la vida con las pautas necesarias para desenvolverte con éxito? ¿Qué parte de responsabilidad en la educación tienen los profesores y el sistema educativo, los padres y los gobiernos? Son muchas las preguntas que se pueden plantear tras conocerse los resultados del último informe PISA, en el que concluye que nuestros estudiantes de 15 años están muy por debajo de la media de los países europeos en la resolución de problemas cotidianos de la vida real, en la capacidad para entender, razonar y resolver cosas aparentemente sencillas. Sorprende el dato, no el de que estemos a la cola en materia educativa, donde nos están colocando a fuerza de recortes y malas reformas, sino que la generación que ha nacido ya en la era de Internet carezca de recursos para desenvolverse, pero puede ser. Ahora los niños vienen con un móvil debajo del brazo, antes con un pan. Antes con el pan no pasaban hambre, ahora con el móvil sí la pueden pasar. Una cosa es lo que se enseña y otra lo que se aprende; una cosa es un sistema educativo basado en la memorización y otra un planteamiento pedagógico enfocado a desarrollar el pensamiento y la capacidad analítica. Pensar y no solo memorizar. Lo importante no es la cantidad de contenidos aprendidos sino cómo utilizar lo que se va aprendiendo. Cada informe PISA es una advertencia al Gobierno español de que la educación necesita medios, recursos, apoyo y una apuesta clara por la enseñanza pública de calidad para todos; precisa de una propuesta de consenso y no de reformas partidistas que una y otra vez nos anclan al pasado. Son urgentes ya medidas de refuerzo del profesorado, porque con recortes y congelación de plantillas es difícil, si no imposible, innovar educativamente. Hace falta un cambio radical, sí, pero eso no se consigue con Wert y su LOMCE. En eso sí hay acuerdo.