Como por arte de magia
Una colección de arte no se esfuma por arte de magia. Eso sólo ocurre aquí, donde tantas cosas pasan sin que al final pase nada, donde el arte se ignora, se desprecia, se oculta e incluso se pierde en lugar de exponerse, aquí todo vale. Eso parece al ver lo que está pasando con la colección de arte de Caja Navarra, ya Caixa, esa entidad que estos días presenta en Pamplona su exposición Magia, ilusionismo o ciencia, un título que viene al pelo para explicar lo que está ocurriendo, con cuadros que desaparecen como si se tratara de un truco más. Por arte de magia antes era Caja Navarra luego Banca Cívica, la caja de la transparencia y tal y tal en la que lo mismo estaban ocultas la Junta de la Permanente con sus triples dietas, que los cuadros. Lo que era un rumor ya se ha confirmado por fin: faltan piezas en el listado que recoge el patrimonio artístico de Caja Navarra. Nada por aquí, nada por allá. Nadie sabe nada. Trucos de ilusionismo aparte, en algún lugar estarán. Aunque bien es verdad que ese conjunto de piezas artísticas nunca se ha considerado una colección como tal. No porque muchas de sus obras no tengan valor en términos económicos, sino porque conformar una colección de arte es mucho más que juntar piezas de diversa procedencia y más cuando esa colección tiene o se le supone una vocación social. Coleccionar arte es ponerle pasión y conocimiento, es mirar pensando en los ojos que luego mirarán lo adquirido. Una colección necesita artistas, expertos en su gestión y espectadores que la disfruten. Sin ello es otra cosa, es una recopilación, con aciertos y errores, que puede tener muchos fines y no todos buenos. Los artistas que exponían en las salas de la antigua Can dejaban una de sus piezas para esa colección que ahora parece no serlo, lo hacían sin contratos ni trámites de por medio y así difícilmente pueden reclamar siquiera saber dónde está lo que entregaron. No ya que se lo devuelvan. Es triste ver lo poco que les importa la cultura a toda esta gente, estas entidades que dejaron de apoyar a los artistas bajo el paraguas de grandiosas campañas publicitarias para lavar su imagen. Seguirán haciendo lo que quieran seguro, pero no podrán con el arte porque los artistas están muy por encima de quienes gestionan sus proyectos.