Justos, también en el comercio
A veces hay que mirar la otra cara de la moneda, el negativo de la foto, para tener una visión completa de la realidad. Por eso cuando todos los años llega la jornada del Comercio Justo me pasa lo mismo que cuando se habla de la Lucha contra la Pobreza o de contratos basura. Si hay que luchar contra la Pobreza es porque hay una riqueza que genera pobreza. Si hay contratos basura es porque hay empresarios basura, es decir, aquellos -igual pocos, pero los hay- que aprovechan las crisis y la ley para explotar a trabajadores/as. Me pregunto si además de promocionar en positivo el Comercio Justo no habría que hablar y denunciar el Comercio Injusto. Vivimos en una sociedad precarizada en lo laboral, achuchada en los derechos sociales y narcotizada con un low cost aséptico que nos hace consumir sin pensar en nada más allá que la legítima aspiración de gastar menos. A veces sin necesidad. Quizá habría que preguntarse cuando nos venden una camiseta a 3 euros si no estaremos acabando con la industria textil propia o, peor aún, legitimando que miles y miles de niños y niñas trabajen en condiciones precarias aunque sea a muchos kilómetros de aquí. O que cuando una gran marca tire por ejemplo el precio de los lácteos no contribuyamos a hacer desaparecer a nuestros baserritarras. O si detrás de una oferta "a pérdidas" en un producto de alimentación básico no hay un movimiento de especulación planetario tras el que algún gran capitalista anónimo esté pulsando botones de un ordenador para especular con en los mercados de futuros y con el precio de cosechas hipotéticas de arroz, de trigo.... que le reportan beneficios instantáneos a costa de condenar a la hambruna a países enteros. Seguro que esas personas tienen nombre y apellidos. Habría que desenmascarlos. Pero es difícil ponerles cara. No lo es tanto poner rostro a la de muchos campesinos y agricultores que en Latinoamérica o en África cultivan su parcela o trabajan sus telares para vender su cacao o sus telas. Yo los he visto y les creo. Merece la pena pagar un poco más y ser justos, también en el comercio.