Silenciar por el bolsillo
maquiavélica estrategia esta de querer silenciar la voz de la sociedad a golpe de talonario. El círculo del poder se cierra y de paso llena la caja registradora de la que se nutre un Gobierno preocupado más por callar que por escuchar. No te dan nada y te lo quitan todo. Primero te recortan derechos sociales y servicios públicos. No te queda otra que salir a la calle a protestar. Con suerte, porque puede que prohíban el acto y te disuelvan... Y si no, llega una autorización trampa, que diría Aznar. Trampa porque a las semanas, como les ha pasado a muchos ciudadanos y ciudadanas de los más variados pelajes ideológicos y causas, te llega una de esas multas mileuristas que rompen un hogar. Es la táctica del palo y más guindilla que zanahoria. Hay sanciones peores que un porrazo porque van a donde más duele en tiempos de crisis: el bolsillo del ciudadano. Si no consiguen parar y silenciar a la sociedad por el miedo, pretenden hacerlo por el dinero, como si la calle a día de hoy no fuera un espacio de todos/as, de entrada y salida libre, sin peajes. Últimamente si te manifiestas o pagas o te pegan. Así funciona la cosa. Será el afán recaudatorio para cuadrar los presupuestos de la Delegación, será un cambio de estrategia, será el anticipo de la ley mordaza que esta semana ha iniciado su tramitación parlamentaria después de que el Congreso rechazara las nueve enmiendas a la totalidad y pese al rechazo total de la oposición... Sea lo que sea es evidente que habrá que salir a la calle y denunciar, cueste lo que cueste, una clara restricción de derechos fundamentales que impone. En especial los vinculados a la protesta social, ya que es una ley que criminaliza de manera contundente esa reacción social y recorta los derechos, sobre todo de los inmigrantes, en su caso con medidas como el apresurado intento de legalizar las devoluciones en caliente para tratar de frenar así los asaltos a la valla. Saben con qué atacar a cada uno, a los que no tienen nada quitándoles el derecho a tenerlo y a los que tienen algo obligándoles a pagar multas desproporcionadas. En definitiva, asfixiar económicamente la disidencia.