La desastrosa política cultural
Al mundo de la cultura se le suele pedir que se posicione ante la realidad con la que convive. Es como si el artista tuviera no solo que ser comprometido con su tiempo sino también manifestar públicamente su compromiso. Hubo un momento, por suerte ahora ya lejano, en el que no había presentación por parte de un artista vasco, sea cual fuera su especialidad, en la que no se le preguntara qué pensaba sobre ETA, el terrorismo, el proceso de paz... Lo que se traducía en entrevistas encabezadas por las mismas ideas, ajenas muchas veces a la razón por la que se le entrevistaba. Ocurrió con el No a la guerra y también ahora con la crisis. No hay escritor, músico, poeta, artista, cineasta, actriz al que no se le pregunte por la crisis y las consecuencias de ésta en la sociedad, en su trabajo... Y en parte no es para menos teniendo en cuenta las estadísticas culturales del último año, porque lejos del más mínimo indicio de brote verde, en este sector los recortes siguen haciendo estragos. Pero lo dicho, no deberían ser los artistas los que dieran respuesta a preguntas que no están en sus manos sino en las de los políticos que aplastan la Cultura. Quizás porque suele ser un sector de gente coherente, con principios e ideas claras, acostumbrados a trabajar y vivir de su trabajo, a pedir ayudas públicas que no a vivir de ellas, sin tarjetas black ni cheques de ningún tipo... Y es, tal y como lo están demostrando, uno de los pocos colectivos que hacen de sus ideas y de sus principios acción. Las renuncias de los dos premios nacionales de Música y Fotografía, Jordi Savall y Colita, aludiendo ambos, cada cual desde su libertad, a que no pueden aceptar un galardón de un Ministerio que maltrata la Cultura, les honra. Pero ahora parece que todos están obligados a no aceptar los premios o a justificarse si los aceptan. Pasó esta semana con Esther Ferrer, merecedora sin duda del Premio Velázquez, quien desde su coherencia decidió aceptar el galardón pero aprovechó el altavoz del reconocimiento para dejar clara su crítica a “la desastrosa política cultural del Gobierno”. Está claro. Ya van tres. Coinciden. Algo se está haciendo muy mal. Y saben de lo que hablan.