Estamos hartos de estar hartos
Ya lo decía Potato a ritmo de ska hace casi 30 años: “Estamos hartos”. Lo estuvimos y así seguimos. Hartos de casi todo y especialmente de casi todos. Era mejor cuando bailábamos ska, éramos más jóvenes y nos preocupaban menos cosas, aunque ahora también los más jóvenes se preocupan y mucho por lo que se les viene encima. Estamos hartos de ministros y ministras ineficaces y encima corruptos en algunos casos, que solo acaban dimitiendo cuando no les queda otra salida. Como Ana Mato, que después de haber mantenido la cabeza alta mientras la sociedad clamaba su marcha ante el maltrato desde su ministerio a la sanidad pública o la lamentable crisis del ébola tras la infección de una sanitaria, que todavía colea en los tribunales, se va cuando el juez le ha abierto la puerta. Estamos hartos de que se lucren y paguen sus fiestas, compras, vicios y demás con nuestro dinero, en negro o en tarjeta; hartos de que la política se haya convertido en una práctica sin ética, en la que todo vale, en la que mientras no haya delito o uno no esté imputado todo se da por bueno por muy inmoral que sea, e incluso cuando hay delito hay quienes tratan de taparlo, poniendo la mano en el fuego hasta quemarse bien quemados. Estamos hartos de partidos políticos que no miran lo que tienen delante, sino que siguen empeñados en que la realidad sea lo que ellos construyen y hasta destruyen, partidos que solo buscan líderes dentro de sí mismos con auténticas guerras internas sin sospechar que el verdadero liderazgo está en la sociedad como motor de cambio. Estamos hartos de estar indignados, pero ya está todo tan mal, que es tiempo de pensar que lo que venga solo puede ser mejor. Basta ya de eso de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. A los de siempre los tenemos muy vistos. La sociedad está hablando; es hora de escucharla. Ya lo decía Potato. “Estamos hartos y nos queremos marchar de aquí. Por eso nos vamos a largar a Jamaika para variar. Ska! Ska! Ska!”