De anuncios, tiempo y loteria
Si la Navidad de por sí ya tiene bastantes lágrimas, sea para bien por la alegría del reencuentro, sea para mal por el vacío de la ausencias, a los publicistas este año les ha dado por llorar un poco más con dos de los anuncios más vistos y comentados de estos días. Aún sin superar el drama de vernos en la tesitura de si el próximo 22 seremos o no Manuel, el pobre desgraciado que por un año que no compra el décimo de lotería en el bar de siempre, harto de que no le toque, va y ese año toca, lo que ha conseguido que tengamos en el cajón más lotería que nunca. Eso y que pensemos por un rato, en ponernos también en el papel de Antonio, el camarero que le guarda el décimo y sabiendo que está premiado se lo da, para ver hasta dónde seríamos generosos en estos tiempos en los que hablar de dinero, sobre todo del que no se tiene, forma parte del día a día cuando lo material cobra, por las carencias, más valor si cabe del que ya tiene. Pensar por un momento si un amigo o familiar se queda fuera del premio, ¿compartiríamos los miles de euros ya ganados? Ahí queda la pregunta. Y ahora, aún sin saber si en ese bar, tienda, peluquería o lo que sea por el que pasamos y no compramos resulta premiado, llegan los de Ikea y en lugar de recibirnos en su República nos mandan a otro reino para mostrarnos la otra cara de la vida en el hogar, la que no se monta pieza a pieza, al presentar a unos niños escribiendo una carta no a los Reyes Magos sino a sus propios padres (¿sabrán la verdad?). Y no sé cómo sorprende que los niños pidan lo mismo que los mayores, lo que todos más valoramos y de lo que más carecemos, y no porque queramos. Los niños piden sobre todo más tiempo para pasar con sus aitas, más juegos en compañía, menos horas de trabajo en definitiva para los padres. Bonita petición a la que nos sumamos todos, ansiosos de tener más tiempo libre, pero quizás el próximo año deberían escribirla a las empresas para que de una vez por todas los horarios de trabajo sean compatibles con la conciliación. Y ya puestos a pedir, menos lotería y más salarios dignos, para Antonio, Manuel y todos los demás.