La suerte o no de ser mujer
A pesar de todo, tenemos suerte. Solo por ser mujeres la tenemos. Tenemos la inmensa suerte de poder ver la vida desde nuestra propia realidad, de tener ese don de la sensibilidad femenina, una particular manera de percibir la diferencia, las desigualdades, las injusticias y desde ella adoptar nuestro posicionamiento ante lo que nos rodea. No somos mejores ni peores, (también las hay bien malas, que no ven nada y mucho menos a los demás), pero somos diferentes y en esa diferencia está nuestra suerte. Eso sí, que no se confundan los términos, que en la diversidad no va la desigualdad. Ser diferente no es lo mismo que no defender el derecho de ser igual al otro. Y esa es nuestra peor suerte, que no se nos trata de igual a igual. Peor aún, muchas mujeres, cada día y en todo el mundo, son maltratadas y menospreciadas. No sé como se ve la vida desde la mirada masculina, aunque no es difícil imaginarla porque la historia se ha empeñado en imponernos su visión. El mundo es diverso y en esa diversidad estamos presentes las mujeres, aunque se nos invisibilice porque chocamos una y otra vez con una masculinización de la sociedad impuesta. Por supuesto que muchos hombres ya miran y nos ven, nos apoyan y nos ayudan y son fantásticos compañeros de viaje y de vida en esta lucha incesante por un trato igual para hombres y mujeres, en todas las edades y condiciones. Pero no todos están por quitarse las gafas de la miopía de la desigualdad y la prepotencia. No corren buenos tiempos para el género femenino. Caminamos hacia atrás, retrocedemos en derechos y cada vez es más grande la brecha; apenas se tiene en cuenta a las mujeres en los ámbitos de responsabilidad; la política de cuotas ha fracasado; conciliar la vida laboral y familiar es imposible, sobre todo para quien tiene menos recursos; la crisis golpea duramente a las más jóvenes: la mujer cobra salarios más bajos por hacer los mismos trabajos que los hombres, lo que se traduce en jubilaciones en precario y pensiones escasas... Nadie nos va a regalar nada, esa suerte no la tenemos.