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Un relato salvaje y real

Estupor, conmoción, incredulidad, tristeza, inseguridad, desconfianza, miedo, sobre todo miedo en el cuerpo, es lo que dejan los últimas noticias conocidas sobre el avión siniestrado en el que perdieron la vida 150 personas. Todos los sentimientos se quedan cortos al saber que lo que fue un accidente no lo ha sido, sino que fue la acción voluntaria de un piloto profesional que decidió matarse él y matar a todos los pasajeros que transportaba. Es casi imposible tratar de imaginar la impotencia y el dolor que las palabras del fiscal francés al exponer públicamente la hipótesis principal de lo ocurrido habrán causado en la familias de las víctimas. Si ya es duro aceptar la pérdidade un ser querido, tiene que ser más todavía al pensar que quizás podría haberse evitado y saber que aunque sea en un segundo de sus vidas fueron conscientes del horror de lo que tenían delante y gritaron, en un grito que se quedó grabado como la respiración de quien les llevaba hasta al único destino para el que nadie quiere billetes. Hay muchas preguntas en el aire que se estrellan, como ese avión, contra la realidad. ¿Por qué lo hizo? Esa es la mas repetida y es la clave que difícilmente una caja negra podrá desvelar. Y la ausencia de esa respuesta marcará desde ayer un antes y un después en la seguridad aérea. Nadie se explica qué pudo pasar por la cabeza del copiloto, ni por qué estaba solo en la cabina y pudo encerrarse en ella. Ni está claro qué controles psicológicos pasó, de ahí el miedo en el cuerpo, porque no hay detectores, por muchos que se pasen, que permitan detectar la intención de cometer un acto tan salvaje. El trágico accidente del Airbus 320 de Germanwings recuerda inevitablemente al comienzo de la película de Damián Szifron, Relatos Salvajes. Los pasajeros de un vuelo comienzan por azar a criticar a un tal Pasternak y la conversación les lleva a comprobar que todos tienen algo que ver con él. De pronto una azafata les dice que Pasternak es quien pilota el avión, que acaba de encerrarse en la cabina y no responde. El avión pierde altura y el piloto se estrella con todos ellos para vengarse. Un relato salvaje, una brutal muerte ficticia ya tristemente superada por la realidad.