La sinrazón de la violencia
L as conductas del ser humano son impredecibles y demasiadas veces dañinas. Qué pasa por la mente de algunas personas para que en un instante sean capaces de pasar del todo a la nada, de llevar una vida aparentemente normal a destruir la suya y la de otros. Cómo una persona puede salir de su casa un día cualquiera de trabajo, iniciar su ruta, discutir con otro conductor en una discusión tantas veces habitual en la conducción, por la razón que sea: un mal adelantamiento, un giro brusco, o mejor dicho por la sinrazón y acabar matándole como ocurrió ayer en Leitza. Más grave todavía si pensamos que ese alguien capaz de reaccionar así lleva, por su trabajo, un arma reglamentaria. Inexplicable. Cómo ese adolescente que se levanta un día sin más, coge un arma de fabricación casera, se dirige a su instituto como cualquier otra mañana y lleva en su mochila no el almuerzo y los apuntes sino la firme decisión de matar a un profesor al que acaba matando por la misma sinrazón. Hechos violentos que nos hacen pensar que algo le pasa a esta sociedad. Que más allá de los tiempos, la crisis, las prisas, el estrés... la gente enferma de violencia; violencia que se frivoliza, violencia que se respira, se ve, se trasmite, se envía por las redes, se multiplica aunque se esconda y nunca se consigue erradicar del todo. Luego está siempre el tratar de saber, aunque no se entienda, por qué el agresor lo hizo. Y aquí es donde seguimos fracasando, porque tristemente casi siempre se acaba en la conclusión de que esa persona ya tenía problemas, alteraciones graves de conducta que hasta que se convierten en sangre parece que nadie afronta o que se afrontan sin los medios adecuados. Ocurrió también con el copiloto del avión de Germanwings que se estrelló contra los Alpes franceses suicidándose y matando a todos los pasajeros. No es justo tratar de justificar sus crímenes bajo el paraguas de una enfermedad mental, porque se estigmatiza a quienes las sufren, a todas las personas con trastornos mentales graves que no son más violentas que las demás y que luchan cada día por salir hacia adelante. Y conviene recordarlo. Cada uno de estos trágicos sucesos son tan irreales como los episodios de la película Relatos Salvajes, que saltan de la pantalla a la vida, una muestra más de que no solo algunas personas, sino la sociedad, está enferma, gravemente enferma y urge el remedio para sanarla.